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Los principios divinos
Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y que cumplas sus mandamientos, preceptos y leyes (Deuteronomio 30: 16).


COMENZARÉ UN ESTUDIO de los principios contenidos en la ley de Dios. Es muy importante que, al haber estudiado cómo Dios quiere salvarnos y llevarnos al cielo a vivir con él, ahora me dedicaré a refle­xionar en esos principios que él quiere grabar en nuestras vidas. Como sabe­mos, dichos principios están contenidos en los Diez Mandamientos, graba­dos en tablas de piedra por el dedo de Dios. Al estudiarlos podemos enten­der mejor cómo es Dios, y prepararnos para estar dispuestos a cederle nues­tra voluntad y pedirle que grabe esos principios en nuestra conciencia. Al mismo tiempo, nos ayudan a recordar que el Señor quiere obediencia. Aun­que no somos salvos por ella, sin embargo, es una manera de recordarnos que pide nuestra voluntad y nuestro consentimiento, para intervenir en nuestra vi­da y grabar su carácter en nosotros.
Es necesario que recordemos que los Diez Mandamientos, tal como los dio el Señor en el monte Sinaí, no son necesariamente diez principios. Estos prin­cipios que Dios quería que los hijos de Israel obedecieran e incorporaran a sus vidas, fueron adaptados en leyes que tenían significado en aquellas cir­cunstancias históricas. Así que los Diez Mandamientos, como los conocemos ahora, son adaptaciones de ciertos principios divinos a la vida de su pueblo en la antigüedad.

A su vez, estos Diez Mandamientos, que ya eran adaptaciones, sirvieron de base para muchas otras leyes que fueron dadas al pueblo, como mencioná­bamos anteriormente: leyes civiles, sanitarias, ceremoniales, etcétera. Todas ellas eran derivaciones y extensiones de esos Diez Mandamientos. Los rabinos, que contaban todas las leyes que Dios había dado a su pueblo, creían que había 613 leyes en total. Todas ellas eran leyes de Dios, pero no todas eran perma­nentes. Algunas fueron dadas para regular la estancia en el desierto, y otras para la vida citadina. Muchas consistían en regulaciones de un culto transito­rio, y otras tenían un carácter permanente que abarcaba la vida aquí en la tie­rra. Pero lo importante es que fueron dadas por Dios, y eso les daba un carác­ter solemne y las hacía dignas de respeto y obediencia.

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com

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